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La Iglesia en Valencia

La comunidad cristiana en las tierras valencianas os desea hacer partícipes de su historia, que nos lleva a los primeros tiempos del cristianismo y, con todos vosotros, a los Apóstoles que extendieron la Buena Noticia de Jesucristo desde Oriente al fin de las tierras conocidas en Occidente, en Hispania.

pulse aquí para ampliar la imagenEn el 304, durante la persecución de Diocleciano, fueron conducidos a Valentia el Obispo de Cesaraugusta (Zaragoza) Valero y su diácono Vicente, que sufrió en esta ciudad un martirio tan admirable que fue conocido y celebrado en toda la cristiandad. Los himnos de Aurelio Prudencio, las homilías de San Agustín y los relatos de la pasión de San Vicente hicieron de éste el mártir más popular de la Iglesia latina, hasta el punto que con su nombre se fundaron muchas poblaciones y se erigieron monasterios y catedrales como las de Córdoba, Sevilla y Bérgamo.

Durante la época romana y visigoda, en la región valenciana florecieron las Iglesias locales de Diana (Denia), Ilice (Elche), Saetabis (Xàtiva), Elo (Lorca o Hellín) y Valentia (Valencia), y conocemos los nombres de muchos de sus Obispos por sus firmas en los concilios de los siglos IV-VIII. Esta cultura y vida cristiana permaneció sufrida y acallada bajo el Islam, teniendo mártires como San Bernardo y sus hermanas María y Gracia (1189) o los franciscanos beatos Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato (1231) Mas no se interrumpió el culto cristiano en la basílica sepulcral de San Vicente mártir (la Roqueta), extramuros de la ciudad, dando como fruto espiritual esta Iglesia mozárabe a San Pedro Pascual, luego Obispo de Jaén y mártir en Granada el año 1300.

pulse aquí para ampliar la imagenUna nueva época se abrió con la fundación del Reino de Valencia por Jaime I de Aragón en 1238, siendo el primer Obispo Ferrer de Pallarés. Llegaron entonces pobladores de las regiones del norte de la Corona de Aragón, órdenes monásticas, militares y religiosas, y se estableció una nueva organización de las diócesis, quedando el norte del Reino en la de Tortosa, reinstaurándose las de Segorbe y Valencia, y creándose más tarde la de Orihuela, ya en el siglo XVI (1564).

Durante los siglos XIII-XV la Iglesia de Valencia mantuvo una constante actividad evangelizadora, dirigida tanto a los musulmanes y judíos, como a desarrollar la fe de los cristianos que se establecían en estas tierras generosas. De gran trascendencia para la cristiandad fue el final del Cisma de Occidente, que tuvo lugar tras la muerte de Benedicto XIII (el aragonés Pedro de Luna) en Peñíscola (Castellón) en 1424 y la renuncia de su sucesor Clemente VIII (Gil Sánchez Muñoz, natural de Teruel y canónigo de la catedral de Valencia) en la villa de San Mateo (Castellón) en el año 1429. En la época convulsa por epidemias y guerras, del tránsito del siglo XIV al XV, brilló en Valencia, en España y en Europa occidental la misión evangelizadora y de paz del dominico San Vicente Ferrer (Valencia 1350 - Vannes, Bretaña, 1419). En 1410 el Santo creó en Valencia el actual Colegio Imperial de niños huerfanos que lleva su nombre.

el Santo Cáliz de la última Cena del Señor

En el siglo XV se crea en Valencia el primer hospital europeo para acoger enfermos mentales, por iniciativa del mercedario fray Gilabert Jofre, y se pone bajo el patronazgo de Santa María dels Sants Innocents i Desamparats, cuya imagen, la V. de los Desamparados, es el centro principal de la devoción a la Madre de Dios en Valencia e inspira un profundo sentido social y caritativo a la religiosidad de los valencianos. En ese mismo siglo, concretamente el año 1437, el Rey Alfonso V el Magnánimo entregó a la catedral de Valencia el relicario de la Corona de Aragón, entre cuyos tesoros destaca el Santo Cáliz de la última Cena del Señor, que había sido conservado en el monasterio de San Juan de la peña (Huesca) hasta 1399.

pulse aquí para ampliar la imagenRoma y Valencia están íntimamente relacionadas en esta época merced a los Borja, una familia de origen aragonés establecida en Xátiva, de la que procede Alfonso de Borja, Obispo de Valencia y cardenal, que fue elegido Papa con el nombre de Calixto III en 1455; su sobrino Rodrigo de Borja fue su sucesor en la sede valentina y ocupó la sede de Pedro en Roma desde 1492, con el nombre de Alejandro VI. Poco antes, la Iglesia de Valencia fue elevada al rango de metropolitana, desligándose de Tarragona, teniendo como primeras sufragáneas las diócesis de Mallorca, Menorca, Segorbe y Cartagena. El recuerdo de Calixto III está ligado a su empeño personal por salvar a Europa de la invasión turca, que culminó en la victoria de Belgrado; asimismo rehabilitó a Juana de Arco en 1456 y canonizó a San Vicente Ferrer. Alejandro VI apoyó a Isabel la Católica al dar sentido evangelizador al descubrimiento de América y fue el árbitro de la asignación de los territorios atlánticos entre España y Portugal. En el siglo XVI, otro Borja valenciano, el que fuera IV Duque de Gandía, San Francisco de Borja (+ 1572), será el segundo sucesor de San Ignacio de Loyola como General de la Compañía de Jesús.

pulse aquí para ampliar la imagenComo en toda la Iglesia, la acumulación de beneficios y la ausencia de los Obispos de sus sedes, junto a otras lacras del régimen feudal, ocasionaron una decadencia y desorientación de la vida religiosa que tuvo como consecuencia la dolorosa reacción de la Reforma protestante y la vigorosa respuesta católica que se inició en el Concilio de Trento. Pero en nuestra diócesis ya había comenzado antes la verdadera reforma con la llegada del Arzobispo Santo Tomás de Villanueva (+ 1555), religioso agustino, modelo de austeridad y caridad, el cual, ayudado por religiosos y sacerdotes valencianos como el Venerable Agnesio, inició la reforma del clero y del pueblo, entre otras cosas con la fundación del Colegio de la Presentación de Nuestra Señora, antecedente de los seminarios tridentinos, que todavía existe en Valencia. Esta obra reformadora alcanzó su cumbre con el largo pontificado de San Juan de Ribera (+ 1611), durante el cual tuvo lugar la expulsión de los moriscos y la repoblación cristiana de muchos territorios. Este santo Arzobispo quiso dejar un testimonio de la fe y la piedad católica hacia la Eucaristía propugnada en Trento y expresada en la liturgia entonces, fundando el Real Colegio Seminario de Corpus Christi, que permanece en Valencia como centro espiritual y formativo de sacerdotes, siendo a la vez uno de sus más bellos monumentos, donde se conservan las costumbres dispuestas por el santo Fundador en sus Constituciones.

La Iglesia ha reconocido la santidad de varios religiosos de esta época, como los beatos Nicolás Factor (+1583), Andrés Hibernón (+1602), Gaspar de Bono (+1604), Josefa María de Santa Inés (+1696) y los santos Luís Bertrán (+1581), evangelizador y patrono de Colombia y Pascual Bailón (+1592), patrono de las asociaciones eucarísticas. Por último, entre muchos valencianos que ofrecieron sus vidas por el Evangelio en el extremo Oriente, están el beato Francisco Gálvez (+1632) y San Jacinto María Castañeda (+1773).

En el s. XVIII los Arzobispos de Valencia, especialmente D. Andrés Mayoral 1738-1769) y D. Francisco Fabián y Fuero I pusieron los grandes recursos de la Iglesia al servicio de una Ilustración del clero y del pueblo bajo el signo de la religión católica. Así se crearon instituciones educativas, se impulsaron obras públicas y se construyeron la mayor parte de las bellas y espaciosas iglesias parroquiales de estilo barroco y neoclásico que acogieron a la creciente población de los pueblos y ciudades valencianas; estos nuevos templos, cuyos peculiares campanarios caracterizan nuestro paisaje, fueron decorados por magníficos pintores y escultores de la escuela de la Real Academia de San Carlos.

Signos de esta renovación cultural y religiosa fueron la total remodelación de las catedrales de Valencia y Segorbe, ocultando su estructura original gótica, y la fundación de los Seminarios Diocesanos de Valencia, Segorbe y Orihuela. La vida religiosa se resintió gravemente por la expulsión de los Jesuitas, pero se benefició de la obra cultural y educativa de otras órdenes como los Escolapios y los Oratorianos de San Felipe Neri.

Entre los siglos XVII y XVIII alcanzó su máximo esplendor el drama sacro del “Misterio de Elche”, sobre la base de una representación en valenciano del siglo XIII, que escenifica el tránsito y la Asunción al cielo de la Virgen María. Esta grandiosa composición musical y escenográfica transmitida en la memoria del pueblo, se celebra cada año el 14 y 15 de agosto en la basílica ilicitana de Santa María y ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad. Lo mismo ocurrió con la celebración de la festividad del Corpus Christi que comenzó a tener su manifestación externa en ciudades como Morella, Xàtiva y Valencia durante el siglo XIV, conservándose en esta última los carros triunfales o “Rocas”, las danzas, las representaciones sagradas o “misteris”, los personajes bíblicos y los gremios profesionales y sociales, como cuando esta procesión mostraba la riqueza y diversidad de estas ciudades en sus pasado. No en vano, las fiestas de “La Virgen de agosto” y del “Corpus” manifiestan las dos devociones que centran la religiosidad de los cristianos de Valencia: La Virgen María y la Eucaristía.

pulse aquí para ampliar la imagenLa Guerra de la Independencia señaló el comienzo del siglo XIX, muy conflictivo para nuestra Iglesia, que padeció la persecución y la extinción de las órdenes religiosas, que resurgieron muy mermadas, así como las consecuencias de las leyes desamortizadoras (1834 y 1837) que supusieron la total desaparición de las órdenes monásticas masculinas. Grandes monasterios como la cartuja de Vall de Crist (Altura, Castellón), la abadía cisterciense de Santa María de la Valldigna (Simat de la Valldigna, Valencia) y el cenobio jerónimo de San Miguel de los Reyes (Valencia) sufrieron una ruina de la que sólo algunos, como él último mencionado, se ha recuperado recientemente, convertido en Biblioteca de la Comunidad Valenciana. A mediados de siglo se inició la recuperación de la vida religiosa con la construcción del nuevo Seminario Metropolitano de la Inmaculada de Valencia por el Cardenal Don Antolín Monescillo y Viso (1890), erigido luego en Universidad Pontificia por el Papa León XIII (1897), bajo la dirección del canónigo Don Niceto Alonso Peruj autor del gran Diccionario de Ciencias Eclesiásticas (1883-1890), que dirigió junto con Juan Pérez Angulo y de una de las mejores ediciones de la Summa Theologica de santo Tomás de Aquino, en ambas obras tuvo otro colaboradores al que llegaría a ser Arzobispo de Sevilla Don Salvador Castellote Pinazo. Se fundaron también en Valencia nuevas órdenes religiosas de carácter social y educativo como las Adoratrices de Santa María Micaela del Santísimo Sacramento (+1865), las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, obra de Santa Teresa de Jesús Jornet (+1897), las Siervas de María Inmaculada, fundadas por la Beata Juana María Condesa Lluch (+1916) y otros institutos de vida consagrada como las Cooperadoras de Betania, Hermanas de la Doctrina Cristiana, Franciscanas de la Inmaculada, Operarias Catequistas, Operarias del Divino Maestro (Avemarianas), Trinitarias, Terciarios (Amigonianos) y Terciarias Capuchinas; así como la fundación de Institutos Seculares como las Obreras de la Cruz, Lumen Christi y Activas del Apostolado Social. Emblema del nuevo vigor religioso y social de las parroquias fue la virgen seglar de Algemesí Josefa Naval Girbés (+ 1893), beatificada en 1988. La constante actividad de los misioneros valencianos ofreció a la Iglesia dos nuevos mártires, los Beatos Francisco Bolta y Francisco Pinazo, franciscanos (+ Damasco, 1864).

pulse aquí para ampliar la imagenLa vida religiosa en Valencia en el primer tercio del siglo XX estuvo marcada, como en toda España, por las crisis políticas y la agitación social, en medio de las cuales se impulsaron muchas obras religiosas, educativas y sociales como los sindicatos católicos en la industria y la agricultura. La continua oposición de una parte de las fuerzas sociales a la Iglesia y a los valores que representaba se agudizó a partir de la instauración de la II República Española en 1931 y culminó con la persecución religiosa, particularmente cruel en los primeros meses de la Guerra Civil (1936-1939), que llevó al martirio a innumerables sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares de Valencia, Castellón y Alicante, cuyo testimonio de Jesucristo ha sido reconocido por la Iglesia con la beatificación del mártir seglar Vicente Vilar David (+1937), de la Madre Ángeles Lloret Martí y compañeras Hermanas de la Doctrina Cristiana (+1936) y del sacerdote José Aparicio Sanz y 232 compañeros mártires, sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares, beatificados por el Papa Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.

Después de la Guerra Civil, las diócesis valencianas emprendieron un arduo trabajo de reconstrucción material y espiritual, contribuyendo a la reconciliación entre los ciudadanos y al progreso social y cultural de la población mediante la promoción de viviendas y de cooperativas, la creación de escuelas, centros de enseñanzas medias y profesionales y otras iniciativas.

A la edificación de nuevos Seminarios se unió la creación de parroquias que atendiesen el rápido crecimiento de las ciudades, unido a la actividad de Cáritas en todas ellas para atender a los más necesitados. El apostolado seglar se organizó en diversas formas, con el auge de la Acción Católica; obras todas ellas que, en Valencia, tuvieron como impulsor al Arzobispo Don Marcelino Olaechea y Loizaga (1946-1966)

En el año 1959 tuvo lugar una nueva delimitación de los límites diocesanos, apareciendo las nuevas denominaciones de las diócesis de Segorbe Castellón y Orihuela-Alicante.

pulse aquí para ampliar la imagenLa celebración del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) y con el cambio político hacia una democracia más completa, iniciado en el año 1975 con el reinado de Juan Carlos I, y las nuevas expresiones socio culturales llevaron a un replanteamiento de la vida religiosa que se sintetizó en Sínodos Diocesanos como el de Valencia (1987), presidido por el Arzobispo D. Miguel Roca Cabanellas (1978-1992)

La formación del clero y de los fieles recibió un nuevo impulso con la erección en el año 1974 de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, iniciada por el Arzobispo Siervo de Dios Don José María García Lahiguera (1969-1978) y el Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas, fundado por el Arzobispo Roca que cuenta con sedes en todo el territorio de la archidiócesis de Valencia. El 8 de noviembre de 1982, Valencia recibió la visita del Papa Juan Pablo II, en una etapa de su visita a España, que, en la santa Misa celebrada en el paseo de la Alameda, ordenó a ciento cincuenta sacerdotes.
 
Con el actual Arzobispo de Valencia Don Agustín García-Gasco Vicente (1992-), nuestra Iglesia celebró con gran provecho espiritual el gran Jubileo del año 2000 y el XVII Centenario del martirio de San Vicente (2004), y se ha enriquecido con obras de gran importancia cultural y religiosa, como son la creación de los centros superiores de enseñanza Universidad Cardenal Herrera CEU (2000), la Universidad Católica San Vicente Mártir (2003) y la construcción de nuevos templos en la capital y pueblos de la archidiócesis.

pulse aquí para ampliar la imagenA partir del año 1999, en colaboración con la Generalitat Valenciana se han ido celebrando diferentes y magníficas exposiciones de arte religioso en catedrales e iglesias de la Comunidad Valenciana bajo el lema La luz de las imágenes que muestran la importancia y el significado religioso de nuestro patrimonio histórico artístico al mismo tiempo que han significado la completa restauración de sus sedes, comenzando por las catedrales de Valencia (1999), Segorbe (2001), Orihuela (2003), la parroquial de San Mateo, en Castellón y de la diócesis de Tortosa (2005), la de Alicante (2006) y Xátiva (2007)

pulse aquí para ampliar la imagenLa promoción de la pastoral familiar sobre una base doctrinal firme ha llevado a la creación en Valencia de una sección del Pontificio Instituto Juan Pablo II para la familia en el año 1994, y luego del Instituto Valentino de Derecho Canónico (2000); esta continua defensa de la familia y de la vida y la riqueza de actividades que se desarrollan con este motivo fue una de las causas que motivó la elección de Valencia por Juan Pablo II para acoger el V Encuentro Mundial de las Familias los días 8 y 9 de Julio de 2006, que fue presidido por el Papa Benedicto XVI.

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